miércoles, 21 de noviembre de 2018

Segundo Ensayo Mes de las Aves: 21 cóndores gracias a un ratoncito muerto

Buenos días!

Hoy les comparto el ensayo de Julie Watson que ganó el segundo lugar compartido del Gran Concurso de Escritura por el mes de las aves. Disfruten de este maravilloso encuentro.


21 cóndores gracias a un ratoncito muerto

Como es costumbre todas las navidades en mi casa, llegó mi mama de Inglaterra con sus maletas llenitas de chocolates, a visitar sus nietos y familia EcuaBrit.
Es una señora de casi 80 años, una dama bonita, rosa inglesa, alta y recta quien a veces la gente piensa que es mi hermana en vez de mi mamá.
Como se queda 1 mes siempre busco algo interesante para hacer juntos, usando Ecuador y sus bellezas como nuestra fuente de recursos de entretenimiento.
‘Quieres ir a un volcán con nieve?’ la pregunté una mañana. ‘Hmmm, si tú quieres, está bien’, respondió, como siempre, nunca quiere ser la persona que toma la decisión.
‘Ok, ponte la ropa mas caliente que tienes y si tenemos suerte podemos ver un cóndor’, le dije.
Pusimos la ropa abrigada y subimos a mi auto, con mi hijo Timmy, 2 pares de binoculares, bufandas, guantes y una cámara.
Vale mencionar que mi auto en este entonces apestaba a carne podrida, la cual estaba lentamente y sutilmente cambiando su olor de carne fresca podrida, carne muy podrida, carne casi seca podrida a carne seca podrida emitiendo un olor dulce mezclado con podrido. En este día estuvimos en la etapa de ‘carne podrida ya casi secándose con un toque de dulce.’
‘Perdón el olorcito,’ le explique a mi mamá, ‘parece que algún animalito decidió vivir y morir en la maquina de mi auto.’
Tan fuerte que fue el aroma que nos tocó ir todo el viaje con las ventanas abiertas, subiendo al Antisana con sus vientos helados, nosotros temblando del frio dentro del auto.
Paré en una parte de la montaña en la cual se forma un enorme cañón muy alto, dos paredes de roca a los lados donde dicen que anidan los cóndores y salimos del auto, aliviados de escapar del olor por un momento.
De pronto apareció flotando en el horizonte un enorme pájaro con alas rectas y sus dedos abiertos al final de las alas. Cogí los binoculares y vi el collar blanco.
‘¡Cóndor!’ grité y pasé los binoculares a mi mamá.
De pronto aparecieron 3 cóndores más en el horizonte y volaban hacia nosotros hasta que estuvieron sobre nuestras cabezas, volando en círculo. Vinieron mas, y mas hasta que contamos 21 cóndores ese día.
Regresamos a Quito muy felices, brillando las caras del frío y la emoción de haber visto 21 cóndores, creo que gracias a un ratoncito muerto en la maquina del auto que con su olor como imán llegaron estos hermosos cóndores… .


3 comentarios:

  1. Me encanto la historia - vivan los ratones muertos!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. :-) Wow!!! Exciting - it must have been the rat. Do you think the condor population is increasing finally?

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